20 AÑOS DE MEMORIA Y LUCHA DE LAS MUJERES EN OAXACA. LAS CACEROLAS SIGUEN SONANDO

Oaxaca de Juárez, Oaxaca, 1º. de agosto de 2026

 La crisis que dio origen al movimiento social del 2006 se debió al hartazgo social por el empobrecimiento de la mayoría de la población, la nula atención a la educación y a la salud del estado, por el racismo, por las injusticias y sobre todo por el autoritarismo, y represión del gobierno priista encabezado por Ulises Ruiz Ortiz. Estas condiciones sociales generaron rebeldía y provocaron que el pueblo saliera indignado a las calles para protestar por la represión y el intento de desalojo del plantón popular magisterial.

En ese contexto, un día como hoy, pero del 2006, las calles de la ciudad de Oaxaca resonaron con los pasos de miles de mujeres y el sonido de nuestras ollas y sartenes en la histórica movilización de La Marcha de las Cacerolas, realizada durante el levantamiento civil para protestar contra el gobierno de Ulises Ruiz. Pero lo que más retumbó en esas calles insurrectas, fue nuestra voz que gritó al unísono: ¡Aquí estamos, las mujeres de la APPO!

Aquella marcha convocada y protagonizada las mujeres, salió de la fuente de las 8 regiones y terminó con la toma de las radiodifusoras 96.9 FM, 680 AM y el Canal 9 de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión, principales medios de comunicación públicos administrados por el Estado. Tras la negativa a la petición de un espacio en esos medios para expresar los reclamos del movimiento social,ante las mentiras difundidas mediáticamente, las mujeres movilizadas terminaron tomando las instalaciones y caída la noche del 1º de agosto, se quedaron a contarle al mundo lo que realmente ocurría en Oaxaca. Posteriormente se conformó la Coordinadora de Mujeres Oaxaqueñas.

Desde ese momento las mujeres determinaron ser protagonistas de la historia de Oaxaca.

Renunciamos a ser sólo delegadas para las labores de limpieza del movimiento y las cuidadoras de los compañeros heridos. Recordamos que fueron maestras, indígenas, campesinas, trabajadoras, estudiantes, comerciantes, amas de casa, comunicadoras y defensoras que tomaron decisiones, sostuvieron barricadas, organizaron alimentos y cuidados, documentaron abusos, tomaron los controles, transmitieron información y defendieron el derecho de tomar la palabra. Al operar la radio y la televisión, aprendiendo a hacerlo sobre la marcha. Con sororidad y creatividad hicieron visible lo que el relato oficial y los medios comerciales pretendían silenciar. Surgió Radio Cacerola: una voz rebelde construida por las mujeres que participaban en la APPO

Hoy nos reunimos para fortalecer nuestra memoria histórica, y recordar esos 21 días en los que las mujeres rompimos el cerco mediático y los medios fueron realmente públicos.Estos acotencimientos no pertenecen solamente al pasado: hace veinte años, las mujeres marchamos en medio de un movimiento popular que surgió y plantó cara a la la represión del Estado y hoy nos reconocemos protagonistas de una rebelión que tiene impacto internacional y se ha perpetuado en el tiempo.

Conmemorar esta memoria colectiva no es una ceremonia estática que se repite cada año. Para nosotras, las integrantes de Mujeres Oaxaqueñas Tejiendo Comunidad, es una práctica política: recordar a quienes ahí estuvimos, las acciones que realizamos; los riesgos que asumimos y las puertas que logramos abrir para otras tantas mujeres. Significa también reconocer a quienes han sido borradas de las versiones oficiales y recuperar sus nombres, sus voces y las enseñanzas que nos dejaron, para transmitirlas a las generaciones que no vivieron aquellos días, pero que aún viven las desigualdades, discriminación y violencias del presente.

Contamos la historia del 2006 desde la diversidad de las mujeres que la hicimos posible. Reconocemos nuestras diferencias: de edad, región, idioma, identidad y trayectoria organizativa. Reconocemos la valentía de cada una, pero también nombramos las cargas desiguales que enfrentamosdentro y fuera del movimiento. Porque incluso en las luchas por la justicia se reproduce el mandato de que las mujeres cuiden, alimenten y sostengan, mientras otros ocupan el micrófono. Incluso, se reproducen las violencias machista que nos lastiman a las mujeres y que debilitan al movimiento social. La Marcha de las Cacerolas rompió ese reparto, haciendo visible, con la ocupación de las calles, la palabra y los medios, que las mujeres también somos actoras fundamentales de las luchas sociales.

El legado colectivo como mujeres, no terminó con la APPO. Vive en nuestras luchas cotidianas contra la violencia feminicida; en la búsqueda de las personas desaparecidas; en la defensa del territorio, el agua y los bienes comunes; en la exigencia de verdad frente a la impunidad; en los movimientos indígenas y comunitarios; en las revoluciones de las mujeres afromexicanas, trabajadoras, maestras, juventudes, madres buscadoras, mujeres trans y no binaries. Vive en la indispensable labor de periodistas, comunicadoras y defensoras.

En 2006, ocupar una televisora y una radio fue abrir una grieta excepcional en el cerco informativo. Hoy, un teléfono puede registrar una detención, transmitir una protesta, preservar un testimonio o desmentir una versión oficial en cuestión de minutos. Los archivos digitales, las transmisiones en vivo, los podcast, las radios por internet y las redes sociales permiten que muchas más personas documenten la historia contemporánea. Los registros audiovisuales de 2006 forman parte de un patrimonio vivoque honramos al seguir difundiendo nuestras demandas y esperanzas.

Pero la tecnología, por sí sola, no democratiza la palabra. También existen brechas de acceso, vigilancia, hostigamiento digital, desinformación y plataformas privadas que deciden qué se ve y qué se oculta. Por eso siguen siendo indispensables los medios comunitarios, indígenas, feministas y ciudadanos éticos y responsables. Son ellos los que conocen el territorio, hablan los idiomas de los pueblos, conservan la memoria local y acompañan procesos que rara vez interesan a las grandes empresas de comunicación. Frente a medios comerciales alineados con intereses económicos o cooptados por el poder, contar nuestra propia historia es ejercer nuestra autonomía.

En aquel tiempo los discursos oficiales eran distintos. Desde el poder no se presumía que era “tiempo de mujeres”. A las mujeres de la Marcha de las cacerolas nos tocó abrir camino y hacer historia contando la verdad; nos enfremos a la represión, persecusión y violencias, y, sin embargo, lo hicimos sin pedir autorización para convertirnos en actoras políticas. Hoy el discurso a favor de las mujeres está presente, pero carece de sentido si las niñas, mujeres y disidencias siguen siendo asesinadas, desaparecidas, agredidas, desplazadas y silenciadas.

A 20 años nos encontramos en un presente doloroso en el que la violencia alcanza también a quienes informan y defienden derechos. Durante 2025, ARTÍCULO 19 documentó 451 agresiones contra la prensa en México, así como siete asesinatos y una desaparición de periodistas. La violencia letal continúa: Francisco Alejandro Leyva Aguilar fue asesinado en Oaxaca el 22 de julio de 2026, en relación con su labor periodística.  En el estado, una declaración oficial de la titular de la Coordinación para la Atención de los Derechos Humanos, reproducida en medios, daba cuenta de nueve periodistas agredidos durante 2026 hasta mediados de julio. 

Se suman ataques irreparables contra defensoras: el 5 de noviembre de 2024 fueron asesinadas en la ciudad de Oaxaca las hermanas triquis y defensoras de derechos humanos Adriana y Virginia Ortiz García. La defensora ayuujk Sandra Domínguez Martínez, desaparecida en octubre de 2024, fue localizada sin vida en abril de 2025.  Nombrarlas es exigir verdad y justicia. Su teatro dicursivo se les cae a pedazos, a la vista de la ciudadanía.

Ante estas situaciones tan graves, hoy demandamos al gobierno estatal y a todas las autoridades responsables que cumplan con el mandato que les corresponde.

Exigimos se respete la vida y los derechos de las mujeres; atención digna a quienes denuncian; información y reparación integral para las familias; protección efectiva para periodistas, comunicadoras comunitarias y defensoras; investigación de las agresiones y sanción a sus responsables; presupuesto suficiente y mecanismos de protección construidos con participación de quienes están en riesgo.

Demandamos también que cese la estigmatización de la protesta y de las voces críticas; que se garantice la autonomía de los medios comunitarios, acceso a recursos y a condiciones seguras de trabajo; que los archivos públicos del2006 sean preservados, sean accesibles y que los testimonios ciudadanos formen parte de la historia de Oaxaca. No queremos una memoria contada desde las lógicas extractivistas, folklorizantes y machistas.

Rememorando la búsqueda de verdad que impulsó el surgimiento de Radio Cacerola, hacemos un llamado a la prensa y a las y los comunicadores a defender la libertad de expresión y a ejercer una labor ética, rigurosa, independiente y comprometida con la sociedad. La falta de información libre es la estrategia perfecta para debilitar el derecho ciudadano a la verdad, la participación social y la posibilidad de exigir cuentas a los poderes opresores.

Proteger a la prensa, a los medios comunitarios y a las personas defensoras significa cuidar el derecho de todas las personas a participar informadamente en la toma de decisiones en sus comunidades. Fortalezcamos las sinergias para defender juntas, juntos y juntes los derechos que el gobierno actual de Salomón Jara está violentando.

A veinte años, las cacerolas siguen sonando, nos recuerdan que lo cotidiano puede convertirse en rebeldía; que comunicar es también organizarse, que sin las mujeres no se entiende la APPO ni las luchas que vinieron después, ni las de antes. Que su sonido nos recuerde que ningún gobierno puede apropiarse de una historia construida por el pueblo y las comunidades.

Que las juventudes de hoy sepan que antes de las redes sociales hubo mujeres tomando las calles, los controles y los micrófonos. Que quienes estuvieron allí sepan que su ejemplo no fue olvidado. Que cada fotografía, grabación, archivo, transmisión y testimonio sirva para seguir luchando por la vida digna, la autodeterminación, la libertad y la justicia. Nosotras aportamos a la construcción de una memoria viva, incómoda cuando deba serlo y que permita acceder a la justicia.

 

¡Nuestra digna rabia y rebeldía toman las calles y los medios!

¡Defenderemos los medios comunitarios, ciudadanos, indígenas y feministas!

¡Ni silencio ni olvido: memoria, verdad y justicia!

MUJERES OAXAQUEÑAS TEJIENDO COMUNIDAD

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