A los medios de comunicación
A las organizaciones defensoras de derechos humanos
Al personal del sector salud
A la sociedad en general
Oaxaca, Oaxaca, a 3 de Junio del 2026
Hablamos desde el dolor más profundo, pero también desde la dignidad, la firmeza y la responsabilidad de impedir que la historia de mi hermana la Enfermera Areli Saraí Martínez Domínguez y de su hija Evolet, fallecidas el pasado 01 de mayo, sea reducida a un titular policiaco, a una etiqueta criminalizante o al instante más oscuro de una vida atravesada por padecimientos de salud mental conocidos, diagnosticados y documentados por instancias públicas de salud.
Queremos contar la historia la enfermera Areli Saraí Martínez Domínguez, y de su querida hija.
Saraí fue una mujer de profunda vocación, con mucho esfuerzo estudió y trabajó al mismo tiempo hasta titularse como Licenciada en Enfermería en la Universidad de la Sierra Sur de nuestro estado, inició su vocación en el campo de la enfermería comunitaria en las comunidades indígenas de San Juan Yaeé y Estancia de Morelos en la Sierra Juárez de Oaxaca, hasta llegar a ser enfermera hospitalaria.
Sarai fue madre en 2017 y como un gran porcentaje de mujeres en nuestro país había conformado una familia como madre autónoma de su hija Evolet, para 2023 había decidido dejar el hogar familiar y acompañada de su familia, amistades y seres queridos sorteadaba sus jornadas laborales y el cuidad de Evo. Siempre con mucha dignidad, diligencia y con profundo amor por su hija.
En el 2018 ingreso a trabajar en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en el Hospital General de Subzona No. 41 en Santa Cruz Huatulco, con el apoyo de mi madre, quien no dudó en dejar su vida para seguirlas y ayudarla a maternar a una bebé de apenas un año, se mudaron a la costa. Para el año 2020, cuando el país entero se confinaba por la pandemia de COVID-19, mi hermana dio un paso al frente como personal voluntario en la primera línea de cuidado, sacrificando estar cerca de su hija pues mi madre y la pequeña guardaron confinamiento en esta capital.

Para 2021 en plena segunda ola de COVID llegó al Hospital General de Zona No 1. Dr. Demetrio Mayoral Pardo, el cambio fue devastador, de atender a 5 pacientes por noche, pasó a atender más de 15. No poderles brindar la atención de al menos acompañarles a morir a varios pacientes por noche, la devasto por completo.
Continuó laborando durante varios años más en el hospital, con esa zozobra en el corazón, guardias saturadas, pocos insumos, atestiguando y sufriendo en primera persona maltratos al personal y maltrato a los pacientes, poco podía hacer contra el sistema. Sin embargo hasta el final y mientras sus padecimientos se lo permitieron mantuvo su vocación de servicio como enfermera.
El desenlace fue trágico, doloroso e irreparable. No pretendemos negar el dolor por la vida de Evolet ni evadir la gravedad de lo ocurrido. Precisamente porque ambas vidas importan, pedimos que se diga la verdad, que se investigue y se diga en voz alta que la Enfermera Sarai era una mujer con padecimientos de salud mental diagnosticados y señales clínicas de riesgo conocidas por la institución en la que laboraba y que debía proporcinarle servicios de salud, ¿Cómo se llegó a ese punto sin que se activaran medidas eficaces de protección para su vida y la de su hija?.
Sarai padecía ansiedad, depresión, distimia y síndrome de burnout. Estos padecimientos no son inventados por la familia ni aparecieron de un día para otro: fueron diagnosticados por médicos del propio Instituto Mexicano del Seguro Social. Cuando una institución conoce padecimientos graves de salud mental y advertencias clínicas de riesgo, no puede tratar a la persona como empleada problemática, carga administrativa o trabajadora simplemente “apta” para seguir hasta quebrarse.
El 17 de marzo de 2026, a mi hermana le fue rescindida la relación laboral con el IMSS. El 30 de abril de 2026, en audiencia conciliatoria, se le reiteró su despido definitivo. Al día siguiente ocurrió la tragedia. Estos hechos no pueden analizarse de manera aislada ni como simples trámites administrativos.
No afirmamos que un solo acto explique toda la tragedia. Lo que afirmamos es que, cuando existe riesgo clínico conocido, cada decisión institucional tomada alrededor de esa persona debe ser revisada con máxima seriedad. La rescisión de una trabajadora con padecimientos graves de salud mental no puede separarse del contexto médico, laboral y humano en que se encontraba.
Su familia, sus amistades y sus seres queridos la sostuvimos y acompañamos dentro de nuestras posibilidades y pocos conocimientos sobre sus padecimientos, el IMSS tenía información clínica, capacidad técnica, personal especializado, expediente médico, autoridad laboral y deber institucional.
Como familia rechazamos cualquier narrativa que reduzca a la vida de Sarai y su hija a una nota roja. Una persona no puede ser juzgada únicamente desde el momento más oscuro de su enfermedad, menos aun cuando existían antecedentes clínicos, laborales e institucionales que exigían atención urgente.
Hablar de salud mental no es justificar el dolor causado; es exigir la verdad, por qué las alertas no fueron atendidas antes de que el daño fuera irreversible. Como familia no pronunciamos para que:
- La verdad se diga completa: y esa verdad empieza en dignificar la vida de una mujer, de una enfermera con vocación, de una madre amorosa, la vida de Evolet como una niña inquieta, sonriente, con mucha personalidad y profundamente amada por su madre y su familia. Esa verdad también esta en los diagnósticos, en las notas médicas, en las jornadas laborales, en la falta de seguimiento, en la rescisión laboral, en la indiferencia y en la normalización institucional del sufrimiento.
- Desde la institución, existan medidas reales de no repetición y protocolos verificables de detección, atención, seguimiento y protección de la vida y salud mental del personal del IMSS, con intervención médica, psicológica, psiquiátrica, laboral y sindical coordinada.
- Se revise la actuación sindical sobre qué acciones concretas realizó la representación sindical para defender, acompañar y proteger a una trabajadora sindicalizada en riesgo. Y las que ha realizado después de su fallecimiento.
- Nos pronunciamos para que los medios de comunicación, los cuerpos policiacos y judiciales ejerzan con ética su profesión, el moche por la filtración de datos, la difusión de la nota roja, la busqueda de likes y vistas no pueden estar sobre la dignidad y el sufrimiento ante la tragedia humana. Yo encontre a mi hermana y a mi sobrina, aún no tenía tiempo de poder comunicar la terrible noticia, cuando en una transmisión en vivo y en diversas notas periodísticas insidiosas y malintencionadas revelaron, datos de mi hermana y su hija, mostraron su casa, y a mi persona. Familia, amistades y seres queridos de mi hermana y su hija, se enteraron de la peor manera de la tragedia.
Esta no es únicamente la historia de una familia rota por el dolor. Es una advertencia para todas las instituciones que han convertido la salud mental de sus trabajadores en una carga invisible.
Hoy hablamos por Sarai y por Evolet. Pero también hablamos por las enfermeras, enfermeros, el personal médico, personal de asistencia, personal administrativo, en general el personal de salud que todos los días cuidan a la población mientras ellos mismos se consumen en silencio.
Pedimos verdad, responsabilidad y garantías de no repetición.
Porque la vida y la salud mental de quienes cuidan a la población también importan.
Familia Martínez Domínguez



